
La ansiedad y depresión cada vez más presentes en la sociedad argentina
En 2024, el 39,5% de la población en situación de pobreza manifestó síntomas de ansiedad y depresión.
El malestar psicológico en la Argentina urbana no deja de crecer. Un informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) reveló que la proporción de personas adultas que presentan síntomas de ansiedad y depresión aumentó de un 18,4% en 2010 al 28,1% en 2024.
Esto significa que casi tres de cada diez personas sufren actualmente un deterioro en su bienestar emocional.
El estudio, basado en la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA), muestra que este incremento fue sostenido en todo el período analizado. La tendencia no distingue sectores sociales, pero las brechas se hacen más visibles a medida que crece la precariedad económica y laboral.
En 2024, el 39,5% de la población en situación de pobreza manifestó síntomas de ansiedad y depresión, casi el doble que en los sectores no pobres (21,8%). Esto significa que las condiciones socioeconómicas tienen un peso decisivo en la salud mental de las personas.
Además, el análisis revela que las mujeres registran niveles de malestar psicológico más altos que los varones, lo que confirma una brecha persistente en términos de género. Por grupo etario, el impacto se concentró en adultos de entre 60 y 74 años, con un 30,1% en 2024.
El impacto reciente: los que empeoraron y los que mejoraron
El informe pone especial foco en lo ocurrido entre 2022 y 2024, años atravesados por la postpandemia y una fuerte crisis económica. Allí se observa que:
58,2% de la población panel se mantuvo estable sin malestar psicológico.
18,4% empeoró su salud mental, es decir, pasó de no tener síntomas a manifestarlos en 2024.
12% atravesó un patrón intermitente, alternando entre años con y sin síntomas.
5% permaneció con malestar psicológico persistente durante los tres años.
El estudio también detectó que en los hogares pobres, un 23,8% comenzó a experimentar síntomas recién en 2024, lo que refleja el fuerte impacto de la coyuntura económica reciente.
Otro factor de peso fue la salud física: entre quienes padecen enfermedades crónicas o graves, un 31,4% empeoró su bienestar psicológico, a lo que se suma un 17,6% que mantuvo síntomas de manera persistente.
En el mercado laboral, los desocupados fueron los más afectados: 30,4% empeoró, frente a un 13% que logró mejorar. En cambio, entre las personas con empleo pleno o precario, la proporción de quienes permanecieron sin síntomas fue mucho más alta.